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Notice d'autorité
Collectivité

Colegio Seráfico San Francisco Solano

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Vidareligiosaregular/FormRelig
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  • [c.1935] - [c. 2007]

si bien a lo largo de su trayectoria histórica el cenobio, en su carácter instructivo, fue variando lo que hoy podríamos llamar “currícula”, hemos detectado en la documentación la representación de un sistema de trasmisión del saber con etapas de instrucción que permanecieron sin significativas modificaciones estructurales, dado el respeto por la aplicación de las normativas explicitadas en los libros de gobierno de la institución.
El recorrido formativo de quienes ingresaban a la vida religiosa se podría dividir, hasta nuestros días, en dos grandes grupos: el de los hermanos (conocidos antaño como donados o legos) y el de aquellos que se consagraban al ministerio del sacerdocio. Si bien cada una de estas elecciones de vida consagrada requerían de diferentes niveles de formación, la misma se distinguía en dos aspectos fundamentales, la disciplinar y la intelectual. La primera de ellas refería a la transmisión del conocimiento, los procedimientos y de los modos de comportamiento en la comunidad, mientras que la segunda se focalizaba en el estudio de la Teología Dogmática, Moral Cristiana, Derecho Canónico, el conocimiento de la Regla, la documentación pontificia y en la historia de la Orden, todo ello con el fin de ejercer correctamente la labor ministerial. El estudio o formación constante de los religiosos en las materias detalladas, exceptuando a los hermanos legos (aquellos que no han sido ordenados sacerdotes) y donados (aprendiz de los anteriormente mencionados), era una condición obligatoria mencionada en los documentos normativos, debido a su rol de lectores y educadores durante las conferencias.
Según lo extraído del Libro [Registros de los individuos de este Colegio, y sus cualidades: Partidas de Hábito y de Profesión…1810 hasta 1860] el primer maestro de novicios detectado hasta el momento fue Fr. Juan Ramón de Cárdenas, cuya firma mencionando el citado cargo aparece refrendando una partida de hábito el 08/11/1810; y de acuerdo a lo especificado en el “Libro 1 de Acuerdos de Discretorio”, la primera vez que se elige a un maestro de novicios separado del cargo de vicario fue el 21/11/1813, siendo beneficiario Fr. Francisco Morel. De este dato se presupone que anteriormente dichos cargos se debían desempeñar de manera conjunta.
En 1895, a partir de los nuevos Estatutos Municipales y remitiendo a los establecido en las Constituciones Generales, se ordenó la creación del Colegio Seráfico San Francisco Solano, anexo al edificio del Convento San Carlos, el cual tenía un Rector y un Prefecto de estudios, con relaciones y atribuciones específicas respecto al guardián, el discretorio y el resto de las comunidad.
Más tarde, en 1914, se deja constancia en una nota de visita del 29/01, hallada en el “Libro 3 en el que se asientan las Elecciones Capitulares y los Decretos de Visita 1877-1930”, firmada por Fr. José María Bottaro, Definidor General y Comisario Visitador de los Colegios y Conventos de esta República y por Fr. Santiago Barilaro, Pro Secretario, la siguiente decisión: “... por muchos conceptos, venerable Convento, ha sido designado para constituir en él el Colegio Seráfico y el Noviciado. (...) Se le confía nada menos que la formación tanto religiosa como científica de la juventud (...)”.
Durante gran parte del siglo XIX y mediados del siglo XX, las etapas de formación de aquellos que decidían ingresar a la vida conventual y posteriormente, tras haber concluído el aprendizaje básico, continuar su formación en miras del sacramento sacerdotal se dividían en aspirantado, postulantado, noviciado y coristado. En el transcurso de su educación los estudiantes contaban con la guía y el acompañamiento de un padre maestro de novicios y del padre director.

Aspirantado: se basaba en la formación de niños a partir de los 7 y hasta los 13 años, quienes, en un período histórico, cursaron sus estudios del nivel primario en las dependencias de la Escuela San Carlos, junto a otros compañeros. Los “Frailitos”, como se los denominaba, se encontraban pupilos dentro del espacio del edificio Seráfico, lugar en el que también realizaban actividades específicas para su formación.
Postulantado: abarcaba un año de tiempo de prueba, para continuar o no la vida religiosa mientras el alumno sigue con su formación elemental.
Noviciado: es un período de prueba en el que se adquieren los fundamentos que sostendrán su compromiso. Esta etapa, cuya duración era de un año de adquisición de conocimientos, servía para ordenar la vida del futuro religioso y no para recibir conocimientos estrictamente formales. Durante un año, el novicio estudiaba Práctica de la Virtud, Conocimiento de Dios, Tradición Espiritual Franciscana, además de la Regla, las Constituciones y la Historia de la Orden.
Previamente, los postulantes al noviciado eran evaluados por el Guardián y su Discretorio para decidir su admisión. Sin embargo, al cursar en el Colegio Seráfico eran evaluados por sus catedráticos.
Al final del noviciado, se profesan los votos simples o temporales, por un año.
Coristado: estos estudios eran determinantes para la formación religiosa y en ésta instancia de cinco años se cortaban el pelo en forma de corona y se dedicaban a los oficios del coro. Todos los alumnos debían vestir el hábito por al menos cinco años antes de poder ordenarse como sacerdotes. Se dedicaban al estudio de Humanidades y solo podían pasar a los siguientes niveles (Filosofía y Teología) una vez examinados y aprobados por el Guardián y su Discretorio.
La instancia del estudio de la Filosofía se extendía por un lapso de tres años. Una vez concluida, el estudiante debía continuar su aprendizaje cursando la Teología. La extensión de la misma era de tres a cuatro años y habilitaba el acceso a los ministerios. El del Lectorado y Acolitado pertenecen a las llamadas Órdenes Menores y el del Diaconado y Presbiterado corresponden a las Órdenes Mayores.
Todos los legos y donados transitaban su formación compartiendo materias con los formados del coristado, así como también horas de oración en conjunto establecidas en los estatutos. Hasta los cinco años de vestición del hábito se encontraban bajo la tutela del maestro de novicios.
Los votos solemnes o perpetuos se profesan una vez que el hermano se sienta capacitado y reúna las condiciones necesarias para asumir el compromiso de permanecer en la Orden, este momento varía según cada individuo ya que responde a un período personal en el que es guiado por un acompañante espiritual.
Desde sus inicios y hasta el último cuarto del siglo XX se admitían varones menores de edad en los estudios vocacionales, cursando estos niños y adolescentes, bajo la modalidad de pupilos, los niveles primario y secundario dentro de la Escuela San Carlos. Ya en la década de los setentas sólo podían ser incorporados al Seminario todos aquellos varones que hubieran concluído el nivel secundario y se comenzaron a organizar institucionalmente retiros espirituales esporádicos destinados al discernimiento vocacional de aquellos jóvenes que se mostrasen interesados en iniciar el camino religioso.

Superiores de misiones

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//AcciónMisionera/ Mis-Parroq
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  • 1764 - 1955

los conversores que partían desde San Lorenzo ejercieron la actividad pastoral como un pilar fundamental de la labor misionera, la cual estaba regulada de acuerdo a los Estatutos Municipales y los Ceremoniales de Misiones. Para el correcto funcionamiento de las misiones se debía disponer de la permanencia en ellas de dos frailes, un sacerdote y un lego, a quienes le correspondía ocuparse del establecimiento de una escuela “de primeras letras” para la instrucción de los niños en la lectura, escritura y lo sustancial de los dogmas católicos con la finalidad de alcanzar la aculturación del indígena. Por otra parte, dentro del espacio territorial misional se buscaba alcanzar la sedentarización de las poblaciones indígenas para facilitar la producción de insumos que permitiera abastecerlos y obtener excedentes para la comercialización en la región garantizando así la supervivencia de la misión.

El trabajo misionero del Colegio San Carlos comenzó con la toma de posesión de las antiguas misiones jesuíticas San Javier, San Jerónimo del Sauce y Jesús Nazareno de Espín, que habían quedado a cargo primero de los mercedarios, y posteriormente del Administrador de Pueblos de Indios, luego de la expulsión de la Compañia de Jesús de los territorios de la monarquía hispánica en 1767.

Durante el periodo independentista y en las décadas política y socialmente convulsionadas que le sucedieron, la actividad misional sufrió retrocesos, el número de religiosos del Colegio disminuyó y algunas misiones fueron abandonadas. En la segunda mitad del siglo XIX, y a partir de la llegada de una nueva colectación de frailes provenientes de Italia en la década de 1850, la actividad cobró un nuevo impulso. Esto se relacionó, a su vez, con que el Estado nacional en proceso de consolidación buscó avanzar gradualmente sobre las tierras ocupadas por poblaciones indígenas que fueron destinadas exclusivamente a la instalación de las misiones. La implementación del proyecto misional fue una de las herramientas a la que recurrieron las autoridades civiles para concretar tal objetivo. Es en dicho contexto que el rol de los religiosos franciscanos en la “acción civilizadora” se manifestó como un elemento primordial y estratégico de colonización de las “fronteras” en el norte y centro del país, entendiéndose a la instalación de los focos misionales como una garantía para alcanzar el perfeccionamiento moral del indígena, su incorporación a la Nación Argentina y el progreso social de los pueblos.

Las misiones comenzaron a perder relevancia estratégica en la medida que fueron apareciendo nuevos núcleos poblacionales gracias al mejoramiento de los accesos a las regiones hasta entonces ocupadas por los indios y ante el avance de los grupos de colonos que reclamaban más tierras a través del traslado de las reducciones, situación que encontramos reflejada en documentos del Archivo en los que se exponen las demandas de “los habitantes blancos” de Santa Rosa de Calchines a mediados del siglo XIX. Estos sectores, a menudo en connivencia con las autoridades civiles, se manifestaron en favor de la desaparición del sistema misionero en pos de la secularización del mismo utilizando como argumentación que la aculturación del indio había concluído. La mencionada situación empezó a manifestarse tempranamente en algunas misiones más antiguas a fines de la década de 1850 y se incrementó progresivamente hasta que a mediados del siglo XX todas las reducciones pasaron a depender exclusivamente del Gobierno, procediendo a su secularización y pasándolas a la categoría de parroquia. Así es como, convertidas en una nueva institución jurídica, podían permanecer bajo el dominio de los franciscanos devenidos en párrocos de indios o ser entregadas al clero secular.

Este proceso es ejemplificable mediante la entrada hallada en el “Libro 2° de Acuerdos y Elecciones del Ven. Discretorio de este Appco. Colegio de Propaganda Fide de S. Carlos”, referente a la entrega de la reducción de San Gerónimo del Sauce en 1874, donde tras la reunión discretorial se asienta que “Harían 20 años que dicha Reducción había pasado bajo la jurisdicción del R. P. Prefecto de Misiones de este Colegio, y, según los informes dados por el actual, hallábase ya en el caso previsto en las Bulas, para ser entregada como beneficio parroquial a la jurisdicción del Ordinario, puesto que los indígenas se encontraban suficientemente civilizados y instruidos en Religión. Por lo que de unánime consentimiento se acordó su entrega al señor Obispo de la Diócesis, con el cual el R.P. Guardián se comprometería a hacer atender por algún tiempo aquellos nuevos fieles, si por falta de sacerdotes no pudiese S.Ilma. enviar desde luego un Capellán o Cura para que los atendiese.”

Convento San Carlos

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC
  • Collectivité
  • 1786-2021

el Convento San Carlos se fundó en 1786 como Colegio de Propaganda Fide en la ex estancia jesuítica San Miguel del Carcaraña, gracias a las gestiones de Fr. Juan Matud. Su fundación y su conformación institucional respondieron tanto a las directrices del Consejo General de Indias y de la Congregación de Propaganda Fide -creada por bula papal en 1622 con el objetivo de establecer centros misioneros que respondiesen directamente a la Santa Sede-, como a las Constituciones Generales de la Orden de Frailes Menores y las Bulas papales de Inocencio XI. El Colegio funcionó como órgano director de las misiones franciscanas establecidas en la zona de Santa Fe, Chaco y Formosa, y a su vez como casa de estudio de los novicios, quienes eran formados para la labor misional.
El Convento dejó de funcionar como Colegio de Propaganda Fide en el año 1913, tras la eliminación de la figura de los Colegios en toda Latinoamérica. Al año siguiente se creó la Comisaría Franciscana que pasó a llamarse Comisaría Provincial San Miguel Arcángel de Misioneros Franciscanos de la República Argentina en 1927 y funcionó como organismo jurisdiccional superior que gobernaba todas las casas franciscanas de la región del Litoral (aunque en un inicio, desde 1914 a 1923, incluyó también los ex Colegios de Salta y de Jujuy). El Convento San Carlos funcionó como casa rectora de dicha Comisaría.
En 14 de octubre de 1955, observando las nuevas Constituciones Generales de la Orden de 1953, la Comisaría de Misioneros pasa a denominarse Custodia San Miguel Arcángel, dependiendo única y exclusivamente del Ministro General de la Orden. En 1971, luego de la celebración del Capítulo General, la Custodia Franciscana es erigida como Vicaría. Esta nueva estructura jurídica duró dieciséis años, modificando su denominación institucional en varias oportunidades.
En 1987 se establece la Provincia Franciscana San Miguel Arcángel, institución que perduró hasta el 13 de marzo del 2014, momento en el que por decreto del Gobierno General de la Orden se integra a la Provincia Franciscana de la Asunción de la Santísima Virgen del Río de la Plata, por lo cuál los Hermanos, conventos, casas y obras de la PFSM, se integran a la mencionada provincia.

Padres Discretos

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Gob/Discr
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  • 1786-2021

es un organismo colegiado que funciona como un grupo de consejeros compuesto por los miembros de mayor jerarquía y consideración -que podían ser discretos actuales o habituales dependiendo sus cargos y trayectorias- siendo designados por votación en el Capítulo para administrar, dirigir y organizar, junto con el Guardián, la vida religiosa de la fraternidad durante el lapso de un trienio, pudiendo ser reelectos inmediatamente para otros trienios. Tienen como obligación la participación en las asambleas que deben ser organizadas de forma mensual por el religioso elegido como custodio principal de la casa, según el reglamento establecido en los estatutos u ocasionalmente según las necesidades. En ellas se analiza la situación económica, espiritual y disciplinar de la institución, resolviendo entre otras problemáticas los puestos vacantes a través de la creación de nuevos cargos o autorizando las renuncias de nombramientos pasados para ser reacomodados en otra labor y validando todo esto mediante el otorgamiento de las patentes correspondientes según el caso. Para ejemplificar lo anterior, se puede mencionar el arribo de doce frailes llegados desde Italia en 1856 que fueron destinados a atender el Hospicio que se iba a establecer en Corrientes luego de que el Venerable Discretorio se reuniera y determinase las dispensas especificadas según los superiores estatutos; o el otorgamiento del rol de síndico de las misiones para la ciudad de Santa Fe en favor del presbítero Dr. Luís Doldán, quien fuera propuesto por el Prefecto de Misiones Fray Constancio Ferrero en 1860.
El padre que gobierna la casa junto con sus padres asesores velan por la observancia estricta de todo lo establecido y detallado en el conjunto de mandatos registrados en la documentación de gobierno.

Parroquia San Lorenzo Mártir

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//VidaReligiosaSecular/Parroq
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  • 1858 - 2022

En sus inicios la administración y celebración de los sacramentos era oficiada por y para los miembros de la orden religiosa exclusivamente, es decir que formaban parte del culto interno. Según lo ingresado en el cuaderno de las disposiciones del Colegio de San Carlos, el 2 de septiembre de 1792: “Primeramente se ha levantado en el campo de San Lorenzo una capilla de 8 varas y /media de largo y seis de ancho, en la que se ha colocado un altar y en él una imagen de la Purísima Concepción con corona de plata; y a los lados dos cuadros de San Miguel y San Rafael con sus marcos dorados y por remate un cuadro de San Juan con todo lo demás necesario para celebrar con decencia el Santo Sacrificio de la misa”.
A principios del siglo XIX, después de haberse instalado el convento en San Lorenzo, ante el creciente aumento de la población colindante y por la demanda de la comunidad de recibir atención espiritual, es que los hermanos franciscanos deciden abrir eventualmente y de manera parcial la clausura. Para llevar adelante esta nueva modalidad se gestiona el permiso correspondiente ante las autoridades eclesiásticas y bajo la figura de Templo Conventual se comienzan las prácticas del culto público. El nuevo Templo Conventual era atendido por el rector, nombrado por el padre guardián, y tenía el poder de ejercer el culto público otorgando los sacramentos de la confesión, bautismo, casamiento, y la extrema unción para las personas laicas.
En el año de 1858 el Señor Gobernador de la provincia, Don Juan P. López y el Reverendísimo Señor Vicario Apostólico Paranaénse Miguel Vidal llegan al convento con la finalidad de solicitarle al Padre Guardián Filiberto Dogliani, un altar dentro de la iglesia para que un clérigo seglar ejerciera la cura de las almas. Ante esta petición el Discretorio resuelve como mejor opción que un religioso franciscano sea el encargado de la labor. Aunque no existía una parroquia establecida, en la iglesia se administraban los sacramentos parroquiales a todos aquellos fieles que lo solicitaran y que en su mayoría acudían de las parroquias de Rosario y Coronda con la autorización de sus párrocos, siendo las partidas remitidas a las parroquias correspondientes.
En julio de 1859 la capilla San Lorenzo Mártir fue elevada al rango de parroquia por el vicario apostólico de Paraná Miguel Vidal, extendiéndose su jurisdicción territorial desde el río Carcarañá hasta el arroyo Ludueña y del río Paraná hasta los límites de la provincia de Córdoba.
A partir de la década de 1930, la parroquia pasó a ser sede de la Junta parroquial y las comisiones directivas de hombres, mujeres y jóvenes de la recientemente creada Acción Católica Argentina, funcionando como espacio de encuentro y organización de actividades varias por parte del laicado militante católico de la ciudad de San Lorenzo.
En el año 1958 la parroquia celebró con pompa su Centenario. Para la organización de los festejos se constituyó una Comisión Pro Centenario que se encargó de los preparativos, de recaudar fondos y de organizar junto al párroco obras de remodelación del edificio, que implicaron el levantamiento del piso y la remoción y traslado de los restos de personas insignes que se encontraban sepultadas allí.
En el año 2021, cuando la orden franciscana se retiró oficialmente de la ciudad de San Lorenzo, siendo trasladados los últimos religiosos a otras casas conventuales de la zona, la parroquia fue entregada formalmente al clero diocesano.

Miembros de la comunidad

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Vida religiosa regular//Frat
  • Collectivité
  • c. 1786 - c. 2021

la comunidad franciscana de San Lorenzo se encuentra congregada bajo la observancia de los preceptos de la Regla establecida por San Francisco de Asís, basada en la pobreza y la vida comunitaria, y las normas internas que definen las formas de relación entre los hermanos, promoviendo el respeto y la delicadeza especialmente para con los padres mayores del Colegio y con los enfermos. El discretorio establece los modos de proceder de cada uno de los miembros según la jerarquización y su condición de hermano donado, lego o consagrado para la realización de las actividades de la vida cotidiana y los actos de culto dentro de las dependencias de la casa conventual. La participación de todos ellos en la oración, la liturgia y el estudio es un requerimiento. Un aspecto de la formación de los religiosos se encontraba basada en la transmisión disciplinar como medio de aprendizaje de los procedimientos y formas de comportamiento individual y en comunidad para establecer entre los individuos un carisma fraternal y servicial.
Si bien la vida conventual se encontraba enmarcada dentro de un rígido sistema protocolar establecido por los distintos reglamentos, la documentación de esta subsección da cuenta de los intersticios en los cuales los religiosos hallaban oportunidad de generar productos intelectuales y artísticos en términos personales. Es por esto que esta subsección refiere a diferentes hermanos de la comunidad religiosa que en distintos momentos de la vida dentro de la institución han producido documentación de diversa índole y tipología que generalmente no se encuentra firmada o no es fácilmente adjudicable a una persona en su rol de autor, que no necesariamente responden a un fin signado por la funcionalidad de quién lo produce sino que más bien su resguardo responde a una valoración individual de quien realizó dicha acción. Este tipo de material de archivo da cuenta de la apreciación, reconocimiento, o simplemente la narración de algún asunto específico. En este grupo de documentos también se pueden visualizar borradores o apuntes para las prédicas de enseñanzas religiosas, la escritura de la musicalización que se utilizará en determinadas ceremonias, la conformación de compilaciones de recortes de diarios en los que se observa la injerencia de la Orden, o simplemente la guarda de artículos periódìsticos de temáticas afines a la vida institucional del franciscano que decidió conservarlo.

Orden Tercera de Penitencia de Nuestro Padre San Francisco

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Vida religiosa secular/VOTP
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  • 1801 - [c. 1960]

la Venerable Orden Tercera de San Francisco fue la primera de carácter seglar en Occidente, caracterizada por la estrecha hermandad que tenían los miembros entre sí y con los religiosos de la primera y de la segunda Orden. Está compuesta por hombres y mujeres laicos que deseaban vivir de manera más rigurosa su vocación cristiana y de penitencia, diferenciándose del común de los fieles mediante su filiación a la comunidad Franciscana. Se la llama “Tercera” porque surgió en el año 1221 luego de que San Francisco de Asís hubiera fundado ya la primera de Frailes Menores (1208) y la de Monjas Clarisas (1212). Es la más antigua a nivel internacional y fue aprobada por el papa Nicolás IV en 1289. La congregación de seculares terceros no era ni una cofradía ni una hermandad, sino una auténtica Orden religiosa, con los beneficios y deberes que ello conllevaba por su reconocimiento como tal por parte del papado. Se articula a varios niveles: local, regional, nacional e internacional. A ella también pueden pertenecer los clérigos seculares (diáconos, sacerdotes y obispos), colocándose bajo la Regla pero con sus estatutos particulares. La Regla original que escribieron San Francisco y el cardenal Hugolino no se conservó pero sirvió de base para la escrita en 1228. Los cinco primeros capítulos contenían prescripciones sobre el traje, los rezos y el ayuno; la penitencia y la comunión con los hermanos; la prohibición del uso de armas, maldiciones e insultos; la obligación de visitar y socorrer a los enfermos. La obligación de hacer testamento dentro de los tres meses de ingresar y vivir en paz con los otros. El aspirante debía reconciliarse con el prójimo y restituir los bienes injustamente adquiridos.
Actualmente con el fin de vivir el Evangelio, los miembros se reúnen en comunidades eclesiales que se llaman fraternidades, dedicados al estudio asiduo del Evangelio para llevarlo a sus vidas.
La V.O.T está regida por un religioso franciscano, el rector. El primero de ellos fue designado por el guardián Fr. Ramón Miguel para gestionar la fraternidad del Convento de San Lorenzo y fue Fr. Tomás Orio, nombrado como tal en 1803. Según el auto de visita asentado en el Primer Libro de decretos de visitas de 1798, Fr. Pedro García, visitador y presidente del Capítulo del Colegio, comisionado del Comisario General de Indios Fr. Pablo de Moya, ordenó que: “haciéndose cargo S. P. M. R. que no puede estar con el arreglo y formalidad que es debida la Venerable Orden Tercera de Penitencia tan encomendada de N. S. P. S. Francisco, de las leyes generales de nuestra sagrada religión, y juntamente de las bulas apostólicas sin ministro o superior que la cuide; por tanto para que la de este Apostólico Colegio se formalice y arregle lo mejor que se pueda (atendiendo siempre a las circunstancias del lugar en que nos hallamos), ordena y manda S.P.M.R. que el R.P. Guardián elija y nombre cuanto antes un rector celoso.”
El cargo de rector se elige en cada capítulo guardianal. Las atribuciones y deberes del Rector del Colegio Apostólico San Carlos según lo dispuesto en sus Estatutos Municipales de 1895 son los siguientes: exhortar a los hermanos terceros a practicar actos de piedad y de devoción y a la frecuencia de los sacramentos; instruirlos mediante conferencias y charlas doctrinales; trabajar para que aumente el número de integrantes y atender de manera especial a los hermanos enfermos. Llevará escrupulosamente los libros de vesticiones, de profesiones, de actas y de luminarias y conservará en el archivo toda la documentación referente generada, así como también las peticiones que presenten los postulantes por número de órden y de año. En cuanto a la administración procurará que se cobren con exactitud y puntualidad las luminarias. No podrá introducir ninguna función nueva sin el acuerdo del Discretorio. Su jurisdicción en el año 1895 se extendió a Rosario, San Nicolás y Coronda.
Por su parte al Ministro le corresponde cuidar el funcionamiento de los diversos oficios, y vigilar que los ingresos y los gastos se realicen según las indicaciones aprobadas previamente por el Consejo. (Constituciones OFS).
La primera acta titulada “Nombramiento de Ministro, Discretos y demás oficios de la Orden Terciaria de San Carlos, año 1801 en 16 de mayo”, fue firmada por el guardián del Convento Fr. Ramón Miguel y el secretario Fr. Pedro García. Las primeras autoridades que figuran en el acta constitutiva son: Pedro Luján como primer Ministro y maestro de novicios; Miguel Caballero es instituido hno. discreto, celador y procurador de las limosnas; Juan Diego Jauregui también discreto, síndico y celador. En el cargo de secretario es nombrado el Sr. Marcelino López e instituido vicario de Culto Divino.
Los primeros hermanos terciarios fueron vecinos de San Lorenzo, Pago del Espinillo, Capilla del Rosario, Desmochados y Carrizales. Entre muchos otros, figura como miembro la Sra. María Catalina Echeverría de Vidal, quien cosió la bandera izada por Belgrano en Rosario en el año 1812. Fue sepultada al pie del baptisterio de la Pquia. San Lorenzo Martir.
En el año 2001, la hermandad local celebró los doscientos años de la creación, nombramiento e institución de la primera fraternidad.

Comisión Pro Obra Monumental Primera Escuela Gratuita

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Educación/comisionesPOMPEG
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  • 1906 - [c.1913]

en julio de 1906, mediante una nota de visita canónica dejada por el Comisario y Presidente de Capítulo Fr. Ludovico Quaranta, se recomienda erigir un nuevo edificio para la escuela fuera de la clausura conventual. A partir de este antecedente, en noviembre del mismo año comienzan a reunirse una serie de ex-alumnos del establecimiento escolar y religiosos del Convento, constituyéndose en forma de asamblea bajo el nombre de “Comisión Provisoria Pro-Edificio Escuela San Carlos”. Presidida por Santiago Rodríguez, acompañado de Rafael Biosca en el cargo de secretario, el padre Rector de la Escuela Fray Nicolás Metcalf como tesorero, además de la participación del Guardián del Colegio Fr. Vicente Calloni; sus objetivos principales eran “conmemorar el primer centenario de la Independencia Argentina, con un establecimiento de educación cristiana gratuita, costeado por suscripción pública”, en “el terreno que ofrecen los RR.PP. Franciscanos del Colegio de San Carlos, al costado Sud del Convento, inmediato al Pino Histórico”.

Con el fin de dar mayor impulso a la gestión y de recolectar fondos, la Comisión Sanlorencina (también llamada “Comisión Central”) instó a participar a más ex-alumnos de la institución y se establecieron seccionales en Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y otros puntos de la región. A su vez se buscó generar vínculos y comprometer en la participación a diferentes agentes sociales del ámbito público y privado, como es el caso de la colaboración del Batallón de Arsenales, que colaboró con materiales y mano de obra. En 1907 se procedió al nombramiento de una “Comisión Ejecutiva” para que, de acuerdo con las resoluciones de la “Comisión Directiva”, “intervenga, contrate, active y controle los trabajos, bajo la presidencia y dirección del Vicepresidente 1° Sr Dioniso C. Meza”. En el mismo año se presentó ante la Comisión el plano del edificio a ser construído, el cual fue ejecutado conforme a las instrucciones y lineamientos dados por el presidente Santiago Rodríguez.
En 1910 se formuló una moción por parte del presidente de la primera comisión instando a la conformación de una “Comisión de Damas Pro Obras Escuela San Carlos”, la que contaba con su propia organización interna con amplias facultades e independencia de la de caballeros y llevaba adelante tareas auxiliares en la obtención de fondos.
En conjunto, estos sucesivos organismos trabajaron a la par en la construcción del edificio escolar. A ellas se le suma posteriormente la nueva “Subcomisión Pro Festejos Centenario” para organizar las celebraciones del “gran centenario de la primera escuela argentina” en 1910 y continuar con la recolección de fondos en dicho evento.
El proyecto edilicio fue encargado a los constructores Centellas & Curto y, si bien originariamente tenía como fecha de inauguración las celebraciones del centenario en 1910, por dificultades económicas la conclusión del edificio se postergó hasta el año 1913.

Sans titre

  • AR-S-AHCSC.82119130/CSC//Educación/EscSC
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